Ya se me
hacía sospechoso que Paris estuviera tan despojado de modernidad en su centro. Resultó
que por debajo hay un sinfín de shopping centers, tiendas, pasos, Starbucks,
MacDonald’s, etc. Luego de este
inesperado descubrimiento, que me llevó a recorrer pasajes y galerías
subterráneos sin destino específico, subí con premura a la superficie y tomé
esta fotografía. Me tranquilizó que el
París que me había encantado siguiera allí, inmutable. Y me pareció muy conveniente que le hubieran
acercado toda la mugre contemporánea que pudiera hacerle falta, sin arriesgarse
a destruir su fachada en nombre del progreso.
Paris,
octubre 2015

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