Caminando por las calles de Oaxaca, repletas de mezcalerías, decidió entrar a una para comprar una botella de mezcal.
Antes de llevarla prefirió consultar con la que atendía:
- Disculpe, señorita. ¿El mezcal es bueno?
Ella lo miró extrañada:
- ¿Pues qué me está preguntando?
José Rocha, Oaxaca, 2005
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