
Mi abuela Simona está viejita. Tiene 91.
Se la pasa todo el día en cama, ya no le interesa ver la tele ni escuchar la radio, y tiene una chica que le ayuda a hacer todas sus cosas (desde comer hasta ir del baño).
A veces la chica le quiere hacer plática, para animarla, para despejarla.
Mi abuela le dice:
- ¿Sabés qué, nena? ¿Qué te parece si lo hablamos otro día?