2012-08-24
















De un lado está muerto el durazno.


Ramas quebradizas,

más que miembros descalcificados,

sostienen las hojas: naves caferrizadas

que se desmoronan en cenizas

como sueños no vividos.


Los que no conocen mi durazno,

dicen que ningún organismo

puede estar vivo y muerto a la vez.


Nosotros que vivimos lo sabemos mejor.

El duraznero de mi jardín, “En alas de la gracia”, Premalata Matesanz, 2006