2016-08-02


Un niño pide ayuda económica en el subte y, al pasar frente a mí, deja sobre mi regazo, un papelito donde explica por qué pide.  Me sorprendo porque el papelito está en blanco.  Luego recapacito y entiendo que el papel está dado vuelta.  Es allí cuando me doy cuenta que ya no importa su problema particular, si el texto lo escribió él o su mamá, o su explotador, si las faltas de ortografía son intencionales o auténticas, ni siquiera importa si el papel está escrito: el gesto de dejar un papelito sobre las piernas del pasajero está instaladísimo, y todos sabemos cómo relacionarnos con él, sin necesidad de averiguar mucho más sobre el asunto.

Metro de la Ciudad de México, febrero 2016

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